No sé vos, pero yo…

No sé vos, pero yo no dejo de pensar, ni un minuto, me logro despojar, de tus abrazos, de tus goles y de tu alegría.

No sé vos, pero yo, camino cada día por los caminos del club más lindo del mundo.

No sé vos, pero esta foto, en blanco y negro en realidad representa la historia de un grande, que trabaja UNIDO siempre. Es la foto de un club que pase lo que pase tira siempre para adelante. El blanco y negro representa a los de antes, a los de años atrás, el festejo es de ahora. Porque 110 años después seguimos marcando un rumbo y seguimos siendo coherentes. Fuimos, somos y seremos siempre Trebolense.

Recorro los parques de un predio que los empleados – que son los mejores del planeta – lo dejan bello, casi de postal. Es el viejo Trebolense de antes, y de ahora. El de la punta del Boulevard.

No sé vos, pero yo, cada día escucho al “Cele” en las noticias, levantando una copa, subiendo a un podio, patinando hasta la excelencia. Y eso se hace con calidad de profes que ponen sapiencia pero también ganas. Un profesor de Trebolense nunca trabaja por un sueldo, trabaja por amor. Como lo hace la gente de administración, del campo de deportes y de portería.

Este Trebolense, el que trabaja cada día, con dirigentes celosos de que las cosas se hagan bien, mirando para adelante, mirando el futuro, sin cambiar nada del pasado que nos forjó.

Pase lo que pase tiramos para adelante. Aprendemos del fracaso, sumamos el futuro y no renegamos de nuestro nombre.

No sé vos, pero yo festejé los 110 años del “Cele” como la fiesta de todos nosotros, los que llevamos a Trebolense en el pecho. Porque el “Cele” es genuido de principio a fin, con 40200 días de vida que hacen a que la leyenda se haga interminable.

No sé vos, pero cuando veo a la ciudad, que 10 veces al año se llena de gente de todo el país, sin importar las crisis de turno de mi Argentina, porque el “Cele” mueve deporte y multitudes, me hace decir “que grande que sos”!!!

No sé vos, pero yo, cada vez que veo como crecés, como te estirás, como llegas a un nuevo predio, como levantás una nueva pared, como vestís a cada pibe, como enseñás a los alumnos, como cobijas a los niños, como marcás a los jóvenes, como te acordás de los adultos, se me pianta un lagrimón.

Gracias Dios por hacerme de Trebolense. No sé vos, pero yo lo siento así. Porqué los bastones celestes y blancos me visten en cada momento, me enseñan el camino y me inspiran.

Gracias a mi Mutual CAT, que le da aire a los pulmones del deporte, que fabrica sueños, deseos y deportistas. Que capitaliza la confianza de la gente en el sueño de un pibe que quiere ponerse una camiseta, tomar una raqueta, hacer el triple de su vida y meter un approach desde tan lejos.

No sé vos, pero al ver que cada día hacemos historia, con 22 disciplinas latiendo, con más espacio desarrollando, con niños con discapacidades integrados, con nuestros abuelos festejando y con nuestros bebés albergados… yo me siento tan agradecido.

Nos llamamos Trebolense desde hace 110 años. Con cada dirigente, con cada hincha, con cada socio, con cada profesor, con cada empleado, con cada colaborador y con cada deportista. Juntos, todos, sumamos desde hace más de una década cada granito de arena, porque sabemos que por más pequeño que sea, nos lleva a mirar para adelante con los cimientos firmes.

Gracias por lo que me das “Cele” de mi vida. Sos mi segunda casa, sos mi sostén, sos el motivo para concretar cada uno de los sueños de mis hijos, el que le da lugar a un abuelo, a un padre, a un hermano, a un amigo, a un hijo y a un nieto.

Porque hace 110 años, cuando empezábamos a transitar esto juntos, y ya te llamabas Trebolense, me diste un rumbo y me dijiste al oído: “Hey, acompañame en la vida, porque conmigo, el viejo Trebolense de la punta del boulevard, siempre se puede ser más grande”.

Prensa CAT