Algunos años atrás, el básquetbol de Trebolense, era sólo una disciplina, secundaria, casi desapercibida que formaba parte del club.
Algunos años atrás, el semillero del básquet era escaso, que jugaba en una cancha de viejo parquet, con tablero de madera y con aro de tiento.
Algunos años atrás, había que ser «raro» para jugar al básquetbol, había que ser «nerd» para pasar horas abajo de un tablero, había que ser «marciano» para vestirse con pantalones y remera grandes.
Eso fue algunos años atrás, cuando la historia se escribía de otra manera, entre deportes de éxito y los que, al lado del camino, miraban con escasas posibilidades de soñar.
Pero un día llegó un loco, que sumó a otro loco y luego a otro más. Un día apareció un grupo de personas que creyó mientras caminaba por el desierto de las ilusiones y las mesetas de una historia que parecía nunca cambiar.
Y algo empezó a hacerse grande. Y algo comenzó a crecer. Y algo empezó a funcionar. Y la rueda a girar. Y las pelotas a botar. Y los aros a llenarse.
Y así llegó un plantel de pibes que levantó una copa y dos y tres. Y esos colaboradores, se transformaron en formadores de otros y otros más.
Y de algunos jugadores, llegaron otros. Y de algunas comisiones, llevaron otras. El cimiento, sostuvo a la pared y la pared, sostuvo al techo.
Y llegó un profe, pasional, paternal, soñador. Y un tucumano que amo esta casa como propia. Y se enrolaron nuevos profesores que dejaron su sello. Y un puñado de pibes que miraban a otros, esperando llegar a primera. Y detrás de ellos, llegaron otros para aprender.
Y la rueda no se detuvo más. Y así llegó el flamante estadio, el piso nuevo, los profes para seguir formando y los cotejos a cancha llena.
Así llegó el crecimiento de la cantera, del sentido de pertenencia y de los pibes mirando al equipo de Primera.
Y así, fuimos protagonistas. Ahora, la ACBOS, donde se juegue, tiene una casaca «celeste y blanca» pujando por seguir sumando, seguir creciendo y seguir soñando. Siempre, en cada cancha, en cada categoría.
Con un desfile de semillero, con una volcada de novela, con un triple dramático, hoy Trebolense siempre está.
Porque sabemos, y estamos convencidos, como ese pequeño grupo de personas en aquellos años, o esta gente de hoy, que siempre, pero siempre, se puede ser más grande.


