Hay historias que no se escriben en las planillas ni en los resultados, pero que sostienen la esencia de un club. La de Carlos César es una de ellas. El “Negro” cumplió 40 años en la utilería de Club Atlético Trebolense, y su recorrido es sinónimo de compromiso, humildad y pertenencia.
Días atrás, en la antesala del encuentro entre Trebolense y Granaderos, el club le rindió un merecido homenaje. En el campo de juego del Estadio Centenario, el presidente Federico Brussa le entregó una plaqueta en reconocimiento a su trayectoria, mientras la platea lo ovacionaba de pie, en un gesto cargado de emoción y respeto.
“El club es mi segunda casa. Acá me tratan bien y me cuidan. Trebolense es una gran parte de mi vida, qué más puedo decir de una institución tan grande como esta y que siempre me dio un lugar, respeto y oportunidades”, expresó César, con la sencillez que lo caracteriza y que lo convirtió en una figura entrañable para todos.
Porque el “Negro” no solo es parte de Trebolense: es parte de su identidad. Siempre dispuesto, correcto, querido por su gente y respetado por cada rival, su historia es de esas que engrandecen al fútbol desde lo humano. Cuatro décadas después, su lugar sigue siendo el mismo: cerca del club, cerca de la gente, siendo ese sostén silencioso que vale tanto como cualquier victoria.


