Reproducimos el trabajo de Rubén Adalberto Pron. (Mayo 2024)
Pocos de los antiguos socios y simpatizantes del Club, y menos aun los que forman parte de las nuevas generaciones de la institución, recordarán la existencia del Centro de Amigos de Trebolense, un agrupamiento que surgió en la década de 1950 para «colaborar en la marcha ascendente de la institución», solventar las obras necesarias para ello y, sobre todo, «hacer todo cuanto tienda a la unión, acercamiento, armonía y engrandecimiento» de Trebolense.
Creado en 1953, el Centro de Amigos de Trebolense se mantuvo en actividad hasta 1961, languideció luego hasta 1966, tuvo un fugaz intento –frustrado– de reflotamiento en 1972 y una tercera existencia en 1981, extinguida finalmente tres años más tarde.
La tarea más intensa y fructífera la desarrolló en su primera etapa, cuando fomentó las actividades de carácter social en la institución albiceleste y dejó obras como el parque de juegos infantiles que se hallaba en el sector del campo de deportes donde luego se construyeron las instalaciones cubiertas que albergaron las canchas de bochas –recicladas para ubicar allí el Centro de Desarrollo Físico–, y el recordado Rincón Criollo, en el ángulo del predio marcado por las calles Corrientes y Candioti, inaugurado con gran suceso como parte de los festejos del cincuentenario de la fundación del Club, en 1959.
El Centro de Amigos de Trebolense también participó del esfuerzo económico que significó la construcción del natatorio de la institución, por años el único de la localidad luego de que se abandonara el que existía en la escuela Laprida para los alumnos de ese establecimiento.
Como resultado de las conversaciones que se mantenían desde el año anterior, catorce socios de Trebolense –Juan Carlos Podestá, José Pepe Caffaratti, Arturo Degano, Octavio Brussa, Nelson Bonetto, Arcángel Salamano, Fernando Decorte, Tomás Ferrero, Alberto Degano, Heriberto Maurino, Alberto Etbul, Fernando Degano y José (Pepe) y Franklin Llobet– se reunieron el 3 de marzo de 1953 para poner en marcha el Centro de Amigos, resolviendo la redacción de un reglamento. Doce días después se presentó la primera suscripción de socios, que alcanzó a ser de 67, y el 21 de ese mismo se designó la primera comisión en una reunión de camaradería a la que asistieron 43 personas.
El encuentro tuvo lugar en la antesala del entonces Salón Social de Trebolense (actualmente Centro Cultural Cervantes y Casa de la Historia y la Cultura del Bicentenario), sobre la base de un reglamento que declaraba que podían formar parte del mismo todos los asociados del club, con la única condición de «ser únicamente personas de buena moral y conducta» y «siempre que no pesen sobre ellas sanciones disciplinarias de la comisión directiva del club», como se indica en el reglamento del agrupamiento.
Ese primer reglamento, suscripto con sus rúbricas por Isaac Etbul, José Pepe Caffaratti, Pedro Perico Aguilera, Juan Antonio Taborda y Clemente Tagliatti, también destacaba entre los objetivos «propender al acercamiento y amistad de sus componentes».
Del libro de actas del Centro y de la correspondencia y papelería prolijamente reunida y organizada por el recordado José El Jefe (de la estación de ferrocarril) Depetris, surge que esa primera comisión directiva provisoria fue encabezada por el odontólogo Juan Carlos Podestá como presidente, Rodolfo Baratti como secretario, Victorio Tagliatti como tesorero, y Franklin Llobet y Luis Cerri como vocales.
Podestá era por entonces presidente de la Comuna de El Trébol, lo que no le impidió dedicar tiempo a la actividad del Centro Amigos de Trebolense, cuyas siglas (CAT) coinciden –y no parece casualidad– con las de Club Atlético Trebolense, como se llamaba la institución hasta ser renombrada con la adición de los términos Mutual, Social y Biblioteca (MSB).
También formaba parte de la Comisión de Fomento del pueblo Pedro Perico Aguilera, otro de los entusiastas impulsores del Centro.
Esa primera comisión provisoria reunía también, en carácter de «colaboradores» a Alberto Degano, Néstor Ento Maurino y Nelson Bonetto, encargados de convocar a sus amigos y familiares para que se sumaran al agrupamiento. Cuando el Centro tuvo más adherentes y su estructura se hizo más compleja esos «colaboradores» pasaron a denominarse «jefes de grupos».
El valor de las cuotas de adherentes al Centro fue de 10 pesos mensuales y se mantuvo invariable hasta 1961. Los socios pagaban aparte el precio de cenas y otros encuentros de camaradería y el producido de las actividades que programaban –entre ellas varias y sucesivas compras de novillos que se vendían luego de su engorde en campos de vecinos solidarios– constituía el fondo con que la agrupación aportaba a las mejoras que planificaba y encaraba para engrandecer el club.
El 23 de agosto de ese año 1953 se organizó una «reunión danzante» como se llamaba en aquella época a los bailes, y en su transcurso el doctor Podestá explicó los propósitos que habían llevado a la constitución del Centro, anunció que una primera obra a encarar sería la construcción de un jardín con juegos para niños en el campo de deportes del club y declaró que, habiéndose alcanzado los objetivos iniciales, quedaba extinguida la comisión promotora.
La conducción del Centro quedó momentáneamente a cargo de los jefes de grupos hasta que pocos días después se eligió a la nueva directiva al frente de la cual fue designado Fernando Decorte. Lo secundaron Alberto Degano como vicepresidente, José Caffaratti como secretario y Victorio Tagliatti continuando como tesorero. Como jefes de grupos encargados de conseguir nuevos socios fueron nombrados el ya mencionado Alberto Degano, Heriberto Maurino, Octavio Brussa, el secretario José Pepe Caffaratti, el ex presidente Juan Carlos Podestá, Nelson Bonetto, Arcángel Salamano, el propio presidente Fernando Decorte, Tomás Ferrero, Arturo Degano (h), Alberto Musa Etbul y Fernando Degano.
En diciembre de 1953 las notas cursadas empezaron a aparecer con sello del Centro y en 1956 se empezó a utilizar para las comunicaciones papel con membrete.
Sello y membrete de papel carta del Centro de Amigos del Club Atlético Trebolense.
El espíritu que animaba a los participantes en el Centro Amigos de Trebolense siguió siendo el de sus comienzos como se destaca a una invitación a una de las reuniones habituales con posterior cena a la canasta: «No traiga penas; venga a divertirse», decía la convocatoria.
Obras para el club
En el mismo año de 1953 se pidieron presupuestos para la adquisición de hamacas, tobogán, calesita y subibajas a comercios de Rosario, pero finalmente, por gestión de Pepe Caffaratti, estos artefactos fueron provistos por la Fundación Eva Perón luego de que el 6 de septiembre se los hubieran solicitado al presidente de la Nación, Juan Domingo Perón. La solicitud había sido formulada por los alumnos de las escuelas locales, invitados por la docente Nélida Vera de Degano, refrendada por la delegación El Trébol de la CGT y acompaña por una nota de las autoridades de la Comuna.
El parque infantil fue inaugurado en marzo del año siguiente, lo que la comisión directiva del club, con las firmas de Héctor H. Corte (secretario) y Heriberto Maurino (presidente) agradeció en una nota del 4 de ese mes.
Cumplido ese primer aporte se encaró la participación en el financiamiento de la construcción del natatorio de Trebolense, a lo que el Centro aportó con un fondo inicial de 105 mil pesos y la posterior venta de más de ciento veinte acciones, lo que totalizó un préstamo de 200 mil pesos.
En su primera etapa el Centro también hizo aportes para la forestación del campo de deportes y construyó y vendió la primera platea que tuvo la cancha de fútbol, consistente en una fila de tablones sobre pilotes de cemento que permitía a parte de los concurrentes presenciar sentados el desarrollo del juego. También construyó una cancha para fútbol infantil y las dos primeras canchas de tenis con que contó el club, y costeó la iluminación de la Pista Jardín, para cuya inauguración –el 23 de enero de 1955, con la presentación de Alberto Castillo– se ocupó de invitar a amigos y conocidos en todas las localidades de la ruta 178-13 desde Las Parejas hasta Sastre y de la ruta 34 entre Centeno y San Vicente, además de los pueblos vecinos de Piamonte y Landeta.
Otra de sus contribuciones fue la construcción e instalación de la antena de la propaladora del club y la renovación de equipos de sonido para la animación de las fiestas, espectáculos y bailes en el Salón Social, lo mismo que la colocación de un depósito de agua sobre los vestuarios del campo de deportes, con redes de distribución que llegaban a la Sede y a las canchas de tenis.
Pero tal vez la obra más relevante, en una época en que florecía la música nativa y el club tenía su peña folclórica, fue la construcción del Rincón Criollo sobre la base de una propiedad que el club había adquirido a la familia Sanmartino en el ángulo que forman las calles Corrientes y Candioti, a la que se le incorporaron instalaciones sanitarias y un quincho de amplias dimensiones para la realización de fiestas y comidas y donde las paredes estaban decoradas con murales pintados por Alberto Pron, algunos con escenas camperas de su creación y otros con reproducciones a escala de las ilustraciones que Florencio Molina Campos realizó para los preciados y populares almanaques de Alpargata de las décadas de 1930 y 1940.
Las mejoras en el Rincón Criollo fueron inauguradas y entregadas al club el 1º de agosto de 1959 como parte de la celebración central del cincuentenario de la institución, a la que el Centro contribuyó también con el mástil del campo de deportes y el Monumento al Cincuentenario, originalmente ubicado frente al ángulo nordeste de la cancha de fútbol y décadas después trasladado al frente del predio, cercano precisamente al sitio en el que se enarbolan la bandera argentina y la de la institución.
Los únicos privilegiados
Una de las acciones más destacadas del Centro de Amigos de El Trébol fue la dedicada a los niños del club y de toda la localidad, para quienes no sólo construyó el parque infantil sino que agasajó en varias oportunidades con celebraciones, juegos y competencias y funciones de cine y teatro.
Como ejemplo vale citar el festejo llevado a cabo el 12 de octubre de 1953, que comenzó con una concentración frente al domicilio del presidente del Centro, Fernando Decorte, en bulevar América 716, donde se entregaron juguetes, globos y banderines y desde donde partió una caravana con bicicletas, triciclos, automóviles y otros vehículos hasta el campo de deportes del club donde los juegos comenzaron con el tradicional rompepiñata y siguieron con maratón, carrera de embolsados y de tres pies para varones, y con huevo en la cuchara y de enhebrar la aguja mientras se corre para las mujercitas, finalizando con carreras de bicicletas.
Para las funciones de cine y teatro para chicos, se cursaban notificaciones a los directores de las escuelas de la localidad con la indicación de que invitaran a sus alumnos a retirar las entradas sin costo en la secretaría y biblioteca del club que existía en bulevar América al 900 donde en principio comenzó a funcionar la Mutual CAT y actualmente es ocupado por un local de venta de indumentaria.
En estos festivales se proyectaron dibujos animados, películas de Charles Chaplin, de Los Tres Chiflados, una de Tarzán, las recordadas Peter Pan, Hansel y Gretel y un documental que hizo época como fue El desierto viviente, sobre las maravillas de la naturaleza en este escenario tan poco hospitalario.
La camaradería sobre todo
Toda la gestión del Centro Amigos de Trebolense nunca descuidó el objetivo original de fomentar la amistad y la armonía entre los socios del club, a la vez que contribuir al engrandecimiento de la institución.
En tal sentido fueron frecuentes las reuniones sociales, los almuerzos y cenas a la canasta y las concurridas «bagna cauda danzantes» en las que se comía y se bailaba siempre reuniendo fondos para las obras que encaraba el Centro o en las que participaba con sus aportes. 
En los casos en que el menú estaba prefijado, como en los asados criollos, se encomendaba igualmente “concurrir con cubiertos” y con algún plato complementario de preferencia como empanadas o tortas, que también se compartían.
En esos encuentros se departía, intercambiaban opiniones y se presentaban proyectos, algunos de los cuales no llegaron a concretarse o quedaron en manos de subcomisiones del club como las canchas de bochas techadas o un frontón, instalaciones que el Centro nunca pudo concretar.
Un capítulo aparte merecen los originales brindis de fin de año que, en un alto del festejo familiar, se convocaban los 31 de diciembre en el Salón Social o en algún otro local para brindar por el futuro del club y la ventura personal de los asistentes en el nuevo ciclo a iniciarse a medianoche.
Los resurgimientos
En 1972, convocados por Ernesto Ostellino y José Felizia, otros diecisiete socios de Trebolense se reunieron en la Sede Social del club para recrear el Centro de Amigos de la institución con los mismos propósitos que habían impulsado su surgimiento en 1953.
En la primera y única acta que se conserva, fechada el 17 de agosto, se indica que se resolvió crear un “Grupo Trebolense”, nuevo nombre para el ex Centro de Amigos, pero no existen constancias de que la iniciativa haya prosperado.
De esa reunión fueron parte, además de los convocantes, Victorio Foressi, Edmundo Cánepa, Fernando Decorte, José Pepe Aicardi, Heraldo Aragno, Nevio Camusso, Egildo Fagotti, Mario Ferrero, Pedro Aguilera, Augusto Sopranzi, Roberto Tibaldi. Esteban Mario De Lorenzi, Heriberto Maurino, Fernando L. Decorte, Carlos Caffaratti, Luis Gerbino y Nelson Debernardo.
Un segundo intento de reflotar el Centro ocurrió en 1981 y se sabe que persistió hasta 1984, año en que el agrupamiento organizó una colonia de vacaciones de la que participaron 154 chicos que disfrutaron de actividades recreativas, natación y campamentismo.
Así, el Centro Amigos de Trebolense significó en sus distintas etapas un valioso apoyo para la directiva del club, fuente de nuevas camadas dirigentes y, sobre todo, un espacio para compartir confraternidad y alegría, tan necesarias para concretar los sueños que hacen grande a Trebolense.
Observación: Parque de Juegos Infantiles, Rincón Criollo, Monumentos y Natatorio de CAT tienen sus respectivos espacios para visitar.

