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Carnavales en Trebolense

El texto que continúa pertenece al trabajo histórico realizado por Rubén Adalberto Pron (Septiembre 2024).

La celebración de las fiestas de Carnaval en El Trébol puede rastrearse hasta los últimos años del siglo XIX, cuando, luego del surgimiento del pueblo en 1890 con la habilitación de la estación ferroviaria, comenzaron a aparecer las primeras instituciones en la flamante comunidad. Pero no fue sino hasta la mitad del siglo XX que alcanzaría un impulso y un brillo que se prolongó por varias décadas, con distintas modalidades. Y en ello es incuestionable el protagonismo que tuvo el club Trebolense desde que en 1943 la Comuna dispusiera que los corsos se realizaran alternativamente en los barrios “El Trébol”, es decir el centro-sur histórico de la localidad, y Tais, el otro polo de desarrollo urbano con la estación del ferrocarril como referencia principal.

La historia

La primera mención documentada del Carnaval en El Trébol es la de 1897, y no precisamente por el festejo sino por el trágico asesinato del presidente de la Sociedad Italiana, que en marzo de ese año organizó un baile. El hecho ocurrió en la madrugada, concluido el festejo, cuando Giuseppe Grazioli, pese a las advertencias de sus compañeros de comisión directiva con los que estaba comentando los resultados de la convocatoria, acudió a abrir la puerta del bar en que se hallaban, furiosamente golpeada desde el exterior reclamando que se continuara con la fiesta. Su intención era convencer a los revoltosos de que se retiraran a descansar, pero en cambio recibió de uno de ellos una puñalada fatal que le causó la muerte en forma instantánea.

A pesar de este desenlace, que conmovió a los vecinos de la localidad y dio lugar a una impresionante manifestación de duelo en el cortejo que acompañó a los restos de Grazioli hasta el cementerio, las celebraciones se retomaron en los años que siguieron con nuevas reuniones bailables y juegos de Carnaval, organizados por distintas instituciones.

En 1919, como se asevera, se inició la costumbre de la preparación de carruajes adornados con flores y serpentinas en el que las jóvenes del pueblo, bajo distintas caracterizaciones, desfilaban por el tramo central del bulevar América en un espectáculo que los vecinos más acomodados observaban desde palcos levantados frente a sus domicilios, que eran premiados –lo mismo que las carrozas– por su originalidad y el esmero que se había puesto en su diseño y presentación.

Las crónicas de la época indican que en 1921 el premio a la mejor carroza fue otorgado a la que presentaron «las señoritas Raciatti y Broardo», que formaban parte de familias de adinerados comerciantes.

En esa ocasión el segundo premio lo recibieron «las señoritas Cassone y De la Torre», de la familia propietaria del hotel Belgrano, frente a la estación, y la del comercio que existía en la calle Santa Fe al 800, calle de por medio con el primer templo católico del pueblo. El tercero fue adjudicado a la carroza «Los Molineros», que ocupaban, entre otras, «las señoritas Pochettino, Boaglio, Pérez, Baudino y Boasso».

El palco mejor adornado fue el de la familia Irazábal, propietaria de la farmacia «El Águila» que existía en el solar que ahora ocupa el edificio Melchior, en bulevar América 856, y también recibió una mención el de la familia Mayetti, propietaria de una sastrería.

Un poco de orden

El 20 de enero de 1943, una disposición del presidente comunal Julio López Qüesta estableció que en los años sucesivos los corsos se realizarían «alternativamente en los pueblos El Trébol y Tais, determinándose la primera vez por sorteo».

La medida se amplió y extendió meses después a otras celebraciones para evitar superposiciones y disputas. Así, en una reunión a la que asistieron representantes de la Sociedad Italiana, el Lawn Tennis Club y los clubes Trebolense y El Expreso, el comisionado comunal Julián Gómez –quien había quedado al frente de la Comuna tras la revolución de junio de ese año que puso fin a la denominada Década Infame del «fraude patriótico», como se llamó a las elecciones amañadas– impulsó el 22 de noviembre la creación de la Comisión Instituciones Unidas para organizar y explotar en común fiestas como las de Navidad, Año Nuevo, Reyes, Carnaval y las Patronales del 10 de agosto. Se excluían los festejos del 25 de Mayo y 9 de Julio, reservados para el hospital, y los del 12 de Octubre, que podrían explotar otras instituciones no integradas a la Comisión.

Pero, ateniéndonos al tema Carnavales, debe indicarse que la celebración de 1943 se cumplió en el barrio Tais y el sistema funcionó ordenadamente hasta 1949, cuando tocó organizar a El Expreso y Trebolense, alegando que el baile de disfraz y fantasía era “una tradición” en el club, anunció ese acontecimiento para el 5 de marzo, la misma fecha en que la institución del barrio Tais había hecho lo propio dentro de su programación.

La situación generó un intercambio de argumentaciones y derivó en la ruptura de relaciones dispuesta por una asamblea extraordinaria de los asociados de Trebolense, que se subsanó años después.

Mientras tanto los festejos y los corsos no se interrumpieron sino que cobraron mayor relieve en las décadas del ’50 y el ’60.

Distintos escenarios

Cuando le tocó organizar los festejos, Trebolense utilizó distintos escenarios. El Salón Social (Teatro Cervantes), adquirido en 1945, se tuvo en cuenta como alternativa para los bailes en caso de mal tiempo, pero las programaciones siempre se previeron en locaciones al aire libre, teniendo en cuenta las altas temperaturas de febrero y principios de marzo.

Para los corsos se prefirió el bulevar América, a veces entre Santa Fe y Río Negro, como en 1948; en otras ocasiones entre Buenos Aires y la antigua calle Chubut, actualmente Italia; en 1965 en el entorno de la cancha de fútbol, en forma concordante con la inauguración del sistema lumínico para los partidos nocturnos, y al año siguiente desde la calle Río Negro hasta Córdoba, en el ingreso al campo de deportes del club.

Lo mismo ocurrió con los bailes, para los cuales se alquiló al principio la pista de la Sociedad Italiana hasta que, en 1955, comenzaron a efectuarse en la Pista Jardín, inaugurada el 23 de enero de ese año con un exitoso espectáculo animado por Alberto Castillo y su orquesta, un número de los más convocantes de la época que atrajo visitantes de distintas localidades vecinas.

Esta nueva referencia hizo que en diversas ocasiones los corsos se trasladaran a un circuito que recorría la calle Rosario entre San Lorenzo y Juan Francisco Seguí y en algunos casos se estirara por esta última hasta la calle Emilia Bertolé cuando las carrozas eran varias o de un tamaño tal que les impedía maniobrar para retornar sobre la misma calle.

Ése fue el caso de «El Perro Salchicha» una carroza preparada en la fábrica de ordeñadoras Dindaro, de Oscar El Pato Degano, con extremidades y cabeza articuladas, que, como hacen los canes machos, levantaba la pata trasera y rociaba a los espectadores apiñados en la vereda por donde pasaba el desfile carnestolendo. Y también el de «La Locomotora», preparada por empleados de los talleres TreFer de reconstrucción de vagones ferroviarios que existían en galpones de Estanislao López y Compañía Argentina de Tierras donde a principios del siglo XX la firma Otto Bantle y Cía. hacía acopiado granos.

Al ritmo de los tiempos

Desde que Trebolense comenzó a organizar corsos de Carnaval, el motivo de las presentaciones y carrozas estuvo relacionado en muchos casos con las novedades de cada año o con bestias míticas como «El Dragón».

Así, en el año 1953 obtuvo el primer premio la presentación «El Globo», con una representación de la Tierra de gran tamaño que giraba sobre su eje, rodeado de niños con vestimenta de distintos países del mundo. «¿Somos muchos?», preguntaba una leyenda escrita en el arco que sostenía la esfera. Era un momento en que comenzaban a proliferar las proyecciones sobre el crecimiento demográfico, pero a la vez campeaba todavía una tal vez ingenua sensación de armonía mundial fundada en la reciente creación de la Organización de las Naciones Unidas y cuando todavía no se advertía el incremento de las tensiones que traería aparejada la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

En 1956, cuando ya hacía cuatro años que volaba rutas comerciales el primer avión de pasajeros con motores a reacción –el De Havilland Comet, de fabricación británica– y Aerolíneas Argentinas encargaba los primeros de estos aparatos –que puso en servicio en 1959–, un grupo de muchachos identificados como «Barra 71/2» desfiló con uniformes aeronáuticos acompañando a un birreactor de utilería adjudicado a «Aerolíneas Trebolense».

Los avistamientos de ovnis en los años ’50 y ‘60 dieron lugar a carrozas como «El Plato Volador» con su tripulación de alienígenas, y la llegada de la televisión a El Trébol y la comarca tampoco pasó inadvertida para los entusiastas constructores de carrozas que en una de las ediciones de la primera mitad de los ’60, presentaron «El Televisor», un escenario con ese aspecto por cuya pantalla desfilaron imitaciones de Los Cinco Latinos, los Mac Ke Mac´s y otros exitosos cantantes y grupos musicales de moda, nativos y extranjeros.

La pantalla –el cine en este caso, y en particular las grandes producciones épico-históricas de Hollywood– fueron asimismo fuente de inspiración para chicas y muchachos que presentaron carrozas y producciones como «Los Romanos», «Los Gaiteros Escoceses», «El Circo» –con trapecistas en sus columpios, «fieras» en sus jaulas, payasos y equilibristas– y representaciones del Far West, con cowboys y pieles rojas, que también alternaban con modestos y menos publicitadas alegorías a los aborígenes de esta parte del continente.

La literatura también tuvo su influencia, materializada en presentaciones como «Las Mil y Una Noches» en 1956 y «Don Quijote y Sancho Panza» en 1965.

Otros motivos recurrentes fueron carrozas como «El Molino», «El Barco» (el velero, el acorazado, la góndola), «El Boliche» y «El Quirófano», estos últimos con desopilantes escenas de beodos y trifulcas y de pacientes que escapaban de la camilla en plena cirugía mientras los médicos quedaban desconcertados con fingidas vísceras –ristras de chorizos– en sus manos.

En los corsos Trebolense también eran habituales carrozas con escenas tropicales, bailarinas y palmeras, o representaciones de princesas y cortesanos árabes, turcos o indios.

En 1969 se realizaron los «Corsos en la Luna», cuando ya se habían enviado artefactos al satélite natural de la Tierra y se anunciaba el primer alunizaje del hombre, lo que ocurrió en julio de ese año.

Ese mismo año también se presentaron carrozas que tenían que ver con personajes de historieta como el Pato Donald y otros que se popularizaron en la televisión como Hijitus y el Topo Gigio.

Una presencia que se repitió en varios Carnavales de las décadas del ’50 y el ’60 organizados por Trebolense fue la de las «mascaritas», generalmente muchachones vestidos con atuendos de mujer que se entremezclaban con el público para, con el rostro cubierto y voz de falsete que hacía muy difícil identificarlos, burlarse de los conocidos que encontraban a su paso.

Otras constantes fueron las de los caballo y ñandúes, artificios que con dos correas se colgaban de los hombros de quienes los portaban simulando ser jinetes, y el clásico de la pareja que llevaba en un cochecito de dimensiones adecuadas a un «bebé» de piernas peludas sobresaliendo del carro y con una mamadera de litro con un contenido oscuro que simulaba –o tal vez no– ser vino en lugar de leche.

Juegos con agua, grandes espectáculos y bailes de disfraz y fantasía

Dentro de los espectáculos y diversiones programados para expresar la última oportunidad de alegría y desenfreno antes de ingresar al paréntesis de introspección de la Cuaresma, Trebolense supo contratar los números artísticos más sobresalientes de cada época, matizados con la presentación de músicos locales de distintos géneros.

Exponentes del tango, la «nueva ola», la canción melódica, el rock y la música «tropical» pasaron con gran suceso por los escenarios de los Carnavales que le tocó organizar a la institución albiceleste.

Los vecinos de mayor edad todavía recuerdan el éxito de presentaciones como las de Los 5 Latinos en 1965 y 1966, y, antes aún, los bailes de disfraz y fantasía, donde se premiaba a los mejor caracterizados y a los mejores bailarines, se elegía a la Reina del Carnaval y se cerraba la celebración con la quema del Rey Momo.

Algunos afiches y programas que se conservan en el club dan cuenta de la creatividad de los organizadores.

El de 1948 prometía «música, flores y alegría» en el corso por bulevar América, «batallas populares» a baldazos de agua y «colosal baile de percal y bombacha», entre otros entretenimientos. El de 1965, denominado «Carnaval para las tres juventudes», anunciaba, junto a Los 5 Latinos, la presencia de Los Mac Ke Mac’s, Los Jaque Mate, Ary Jamaica, la Wilton Jazz, Tony Vilar, Los Guayacanes, Los Embajadores, The Thunder’s y Los Oxford Jazz. Y el de 1966, junto con la nueva presentación de Los 5 Latinos, sumaba en los «Corsos de antaño para la Nueva Ola» a Mariano Mores y su «orquesta gigante lírica popular», La Sonora Tropicana, Los Green Cats, Celia y sus electrónicos, Los 6 del Trópico, la Zillertal Orchester, Pucho Alberto y La pandilla de Johnny Lombard.

Lo que siguió

Todas estas tradiciones fueron variando: de los lanza-perfumes, los pomos –al principio de plomo y luego de goma–, las serpentinas y el papel picado se pasó a los aerosoles. Las antiguas murgas fueron reemplazadas por las comparsas importadas del Brasil y adaptadas en su paso por Corrientes y otras localidades más cercanas.

A propósito, la primera comparsa que desfiló en El Trébol fue la Yasí Berá, de Carcarañá, con sus 170 integrantes, en los carnavales organizados en conjunto con el club Los Veteranos en 1977, año en el que los bailes se realizaron en el gimnasio todavía en construcción en la esquina de Córdoba y Candioti.

Más adelante, en algunas ocasiones se trajeron carrozas y artefactos mecánicos como «los autos locos» que se desarman, hacen piruetas y se vuelven a armar en su paso frente al público, y la celebración del Carnaval se trasladó a la avenida Independencia, frente al Parque Municipal 15 de Enero (el ex «Predio Ecológico»). Pero ya no eran las épocas en que Trebolense organizaba los carnavales, que pasaron a ser responsabilidad del municipio.

¿Fueron aquellos tiempos mejores? Cada generación tendrá su opinión al respecto, pero las tradiciones cambian y lo bueno es no olvidarlas, dejar testimonio de ello para que no se pierdan en el olvido, que es la verdadera muerte de las cosas.

Observación: en el apartado Fotos se pueden observar las carrozas y sus protagonistas construidas en distintos años.