«Creciendo juntos»: una historia que no se mide en años, sino en personas

Hay instituciones que cumplen años. Y hay instituciones que cumplen sueños.

Trebolense celebró sus 117 años de vida. Mutual CAT, sus primeros 40. Pero aquella tarde, bajo el lema «Creciendo juntos», nadie habló solamente del tiempo. Se habló de las personas. De las generaciones que dejaron su huella. De los que estuvieron, de los que siguen estando y de quienes tomarán la posta para escribir el futuro.

La celebración comenzó antes de ingresar al SUM. El nuevo acceso al club, con sus modernas veredas y la iluminación que transforma por completo la imagen institucional, recibió a cada invitado como una metáfora perfecta de este presente: un club que honra su historia mientras sigue construyendo nuevos caminos. Allí, la música de Roberto Clavero acompañó los abrazos, las primeras sonrisas y esos reencuentros que solo los grandes aniversarios son capaces de regalar.

Después, un SUM completamente colmado fue el escenario de una fiesta donde el protagonista fue el sentido de pertenencia. No hubo una sola mesa que no escondiera una anécdota, una fotografía invisible del pasado o el recuerdo de algún dirigente, deportista, profesor, colaborador o socio que ayudó a levantar, ladrillo por ladrillo, la institución que hoy disfruta toda una comunidad.

Uno de los instantes más conmovedores llegó con la coronación de las nuevas soberanas. Ana Paula Toani fue distinguida como Reina del Club, María Pía Pietrani como Reina del Deporte y Dely Tagliatti recibió el reconocimiento como Dama de Honor. Los aplausos no fueron solamente para ellas. Fueron el homenaje silencioso a tantas mujeres que, desde distintos lugares, hicieron grande a Trebolense a lo largo de más de un siglo.

El escenario fue regalando emociones una detrás de otra. Los artistas locales de «Legado de mi Tierra» despertaron el orgullo por las raíces con una actuación que terminó en una ovación de pie. Luego, «Lo Lumbrize» transformó las risas en el idioma común de toda la tarde, mientras que Emmanuel Aimar desplegó un espectáculo de excelencia, combinando música, danza y talento en una puesta que cautivó al público de principio a fin.

«Estamos muy felices del festejo. Vivimos momentos emotivos, de reencuentro y de reconocimiento a tantísima gente que pasó por la institución», expresó el presidente Federico Brussa. Y pocas frases lograron resumir mejor el espíritu de la jornada.

Cuando llegó el turno de celebrar las cuatro décadas de Mutual CAT, el silencio se hizo protagonista. Un video recorrió el crecimiento de la mutual junto al del club, recordando que detrás de cada obra, de cada disciplina y de cada nuevo proyecto hubo una convicción inquebrantable: crecer juntos.

Las plaquetas entregadas a integrantes de la primera comisión de Mutual CAT, como también a Hugo Tagliatti y Guillermo Bainotti, fueron mucho más que un reconocimiento. Representaron el agradecimiento de toda una comunidad a quienes entendieron, hace cuarenta años, que el futuro se construye con compromiso, confianza y trabajo compartido.

La presencia de representantes de la Federación de Mutuales, gerentes de las distintas sucursales de Mutual CAT, instituciones deportivas amigas y autoridades provinciales y locales, entre ellas la intendente Natalia Sánchez, el senador Esteban Motta y Lorena Ulieldin, acompañó una celebración que trascendió a Trebolense para convertirse en patrimonio afectivo de toda la región.

«Este recorrido de 40 años creciendo juntos está a la vista en lo que es el club hoy. Creo que nuestro gran cimiento como mutual es la confianza de la gente y eso nos da fuerzas para seguir creciendo cada día», señaló Marcelo Cinquini, gerente general de Mutual CAT.

Y quizás allí estuvo la verdadera explicación de todo.

Porque los edificios pueden crecer. Las obras pueden multiplicarse. Los trofeos pueden llenar vitrinas.

Pero una institución solo se vuelve inmensa cuando logra construir confianza, pertenencia y afecto.

Trebolense y Mutual CAT llevan 117 y 40 años demostrando que el verdadero patrimonio no está en el cemento ni en las paredes. Está en las personas que dedican su tiempo sin pedir nada a cambio, en quienes trabajan cada día para que otros disfruten, en quienes enseñan, acompañan, dirigen, compiten, alientan o simplemente eligen volver.

«Creciendo juntos» no fue solamente el nombre de una celebración.

Fue la definición más exacta de una historia que sigue escribiéndose entre miles de manos.

Y de un futuro que, como el mejor de los abrazos, siempre encuentra un lugar para todos.

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