Hasta siempre querido “Ñafa”! Porque de Juan Carlos no tenías nada.

El socio, el hincha, el grande, el chico, el jugador, el profesor, el empleado, el dirigente y cada persona que ingresaba al club te decía así, simplemente “Ñafa”.

Personaje, querido, amado, alegre, simplón, guardián y gentil.

Persona amable, correcta, simpática y llena de vida. Hombre de saludo fácil, de sonrisa amplia, de un “buen día señor” a flor de labios.

Pasaste por el club dejando tu marca registrada, tu impronta. Guardián como pocos, de largos recorridos nocturnos por el campo de deportes, siempre linterna en mano, buscando que todo esté en orden.

Guardaste celosamente cada tramo del club, cada centímetro. Lo considerabas del socio, pero sobre todo tuyo.

La portada no es lo mismo sin vos. La casilla del sereno tiene tu aire, tu sello, tu risa.

Uno llegaba y salías a hablar, el deseo de buen día estaba siempre en tu boca. No podía ser de otra manera, porque sino no eras vos.

Te fuiste un día, de repente, casi en silencio. Te fuiste rápido. El martes fue el día que la portería se quedó sin sonrisa. Esa que ya se extraña, pero que tiene algo muy mágico y es que siempre se recordará!